Mujer cabeza de hogar

Las mujeres del país han sufrido transformaciones sociales y culturales sobre los roles que ejercen en la sociedad; esto se evidencia, entre otras cosas, en el crecimiento (en un 5%) del fenómeno de jefatura femenina en los hogares durante el periodo intercensal 1993-2005. Este fenómeno creciente, no solo en Colombia sino en toda Latinoamérica, evidencia una transformación en las estructuras de género y en la familia en general.

La jefatura femenina de hogares, entendida como la presencia de hogares en los que la persona identificada como jefe por los demás miembros del hogar es una mujer, connota, además, que hogar y familia son conceptos diferentes, a pesar de que están estrechamente asociados.

 

Mujer jefa de hogar en Colombia

Son ellas mismas quienes nos dan el aliento para continuar soñando con una Colombia mejor, con un país generoso y diferente para nuestros hijos. Por ello nuestro reto está en trabajar para ellas y ya es hora que el Estado colombiano les permita llevar una vida justa y digna en materia de educación, salud, trabajo y vivienda. Es hora de diseñar políticas públicas que permitan a la mujer cabeza de hogar calidad de vida para ellas y sus familias. Debemos apostarle a la prosperidad y bienestar de cada uno de los hogares colombianos, en especial a garantizar los derechos y promover el bienestar de estas mujeres que hoy en día llevan las riendas económicas de sus familias. Conozco de lleno qué es ser mujer cabeza de hogar, porque lo he ejercido con el apoyo de Dios y de mi familia. Pero muchas de estas mujeres carecen de apoyos familiares y por tanto el Estado y la sociedad colombiana tenemos una deuda grande con esta población.
Y aunque existen algunas leyes que benefician a estas valiosas mujeres, somos conscientes que falta legislar muchas más para lograr un mejor status de vida para estas familias. Las mujeres cabeza de hogar deben ser una prioridad siempre en todos los Gobiernos, porque ellas representan cientos de familias colombianas que sueñan con un mejor país.

La precariedad de las economías neoliberales, la inestabilidad laboral y el aumento de la pobreza desde hace varias décadas, junto con la mejora del nivel educativo de las mujeres, llevaron al incremento de la participación de las mujeres en el mercado laboral (aunque con niveles de ingreso en general inferiores a los de los hombres) y la consecuente caída de las tasas de natalidad; esto, sumado al empoderamiento que han ganado las mujeres en las últimas décadas, conlleva que cada vez más mujeres de todas las condiciones sociales y económicas asuman el rol de proveedoras principales de sus hogares y sean reconocidas por los demás miembros como tales.

 

Existen, sin duda, diferencias entre los hogares encabezados por hombres y los encabezados por mujeres. Por un lado las diferencias surgidas de los estereotipos de género, que determinan aspectos como las relaciones de poder en el interior del hogar. Por otro lado diferencias en cuanto a las condiciones de vida de estos hogares y aspectos como la pobreza y desigualdad social.

Estudios anteriores (Rico, 1998) muestran que estas diferencias para la década de los noventa y para varios países, incluido Colombia, radican en la edad y etapa del ciclo vital de las mujeres jefas, el tamaño y la composición familiar y, muy importante, la presencia o ausencia de un compañero, situación que remite a la posibilidad de aporte económico por parte del varón.

Las debatidas consecuencias de las estructuras del hogar sobre la vulnerabilidad y los niveles de riesgo que enfrentan estos hogares se han planteado en varias oportunidades. Muchos han propuesto que estos hogares son más vulnerables debido a que existe una sola proveedora y por tanto mayores tasas de dependencia económica, y que esta por su condición de género percibe menos ingresos. Otros trabajos, por el contrario, indican que las inversiones y los recursos accesibles a las mujeres llegan directamente al hogar, a través de mejoras en educación, alimentación, vivienda y salud, lo que repercute de manera directa en el fortalecimiento de los hogares frente al riesgo. Tanto se ha dicho sobre la mayor vulnerabilidad de los hogares sostenidos por mujeres, que es necesario ver qué tipo de vulnerabilidad demográfica y económica es la que enfrentan y cuáles serían los factores que contribuyen a mitigar los impactos de las eventuales crisis.